lunes, 18 de abril de 2011

La geometria del vertigo

http://www.elmundo.es/blogs/elmundo/cronicasny/2011/04/15/la-geometria-del-vertigo.html





“Hay dos elementos que el viajero captura a primera vista en Nueva York: la arquitectura “extrahumana” y el ritmo furioso. Geometría y angustia... No hay nada tan poético y terrible como la batalla de los edificios con los cielos que los cubren”.

La observación de García Lorca, allá por 1932, sigue siendo válida por los siglos de los siglos, por más que uno conviva a diario con los “gigantes”. Algo vibra, sin duda, cuando asciendes por encima del piso 30 y hundes la mirada en el vértigo de las calles y avenidas, y tiemblas sin remedio ante el Gran Cañón de cemento y vidrio.

“Bienvenidos a la racionalidad de la vida civilizada”, que diría Hipodamo de Mileto, el arquitecto griego que inventó la retícula urbana, llevada a la máxima exageración con las 155 calles y once avenidas numeradas de aquel Manhattan. Se cumplen ahora 200 años del plano cuadriculado que catapultó definitivamente Nueva York hacia ese futuro con aristas, el mismo que provoca fervores y odios entre quienes la habitamos y la padecemos.

“París me impesionó mucho, Londres aún más, y ahora Nueva York me acaba de noquear”(Lorca)

Allá por 1811, la ciudad era un enjambre más o menos laberíntico, no muy diferente de cualquier enclave del viejo mundo, por debajo de lo que hoy conocemos como Houston Street. Al “padre” de la retícula urbana, John Randel, le costó convencer a sus vecinos de la necesidad del tiralíneas para poyectar Nueva York hacia el norte. Más de una vez le lanzaron alcachofas y repollos en actos públicos, y en el alto Manhattan fue atacado por los perros de los indignados propietarios.

Pero su “visión” se impuso, en el nombre del orden y de la salud. La isla de las 400 colinas, el paraíso de los indios Lenape, pasó por un proceso de “reducción topográfica” que la dejó totalmente llana e irreconocible. Se dejó un generoso “oasis” cuadriculado en el medio (Central Park), pero en el resto de la ciudad campó a sus anchas del Espíritu de la Especulación, el mismo que con el tiempo tiraría de ella hacia el cielo.


En 1864, un año antes de su muerte, Randel se desquitó de sus detractores celebrando “la bella uniformidad” de Nueva York y presumiendo de haber contribuido más que nadie al primer gran “boom” inmobiliario (allanando el terreno a Robert Moses, Donald Trump y tantos otros “ladrones” del ladrillo).

Para bien o para mal, la retícula se convirtió en la esencia de la ciudad, “crucificada” sin remedio de norte a sur y de este a oeste. Algunos, como el filósofo francés Rolan Barthes, han creído ver en “la geometría de Nueva York” una intencionalidad poética: que cada uno se sienta dueño de la capital del mundo. Para el holandés Rem Koolhaas, autor de “Delirante Nueva York”, la implacable horizontalidad y la inevitable verticalidad condenan sin embargo a Manhattan a una visión en dos dimensiones, sin espacio ni libertad para “la anarquía tridimensional”.

Sam Roberts, en el New York Times, recreaba recientemente ese forcejeo aún latente entre arquitectos y urbanistas. El diseñador gráfico Paul Sahner, hipnotizado por la magia de la rejilla urbana, se ha lanzado entre tanto a fotografiar la ciudad cuadrícula a cuadrícula. Y Eric Sanderson, el ecologista del paisaje que ha recreado vitualmente cómo era Manhattan hace 400 años, vuelve a reclamar estos días la necesidad de pensar en una ciudad más humana y más respetuosa con sus ecosistemas, a pesar de su innegable grandiosidad, la misma que cautivó y apuñaló al poeta...







“La aurora de Nueva York gime/
por las inmensas escaleras/
buscando entre las aristas/
nardos de angustia dibujada”.


 



domingo, 3 de abril de 2011

101 Things I Learned in Architecture School

Frederick is an architect and urban designer from Massachusetts, and has taught at a number of colleges and universities, 101 Things is a collection of design ideas, philosophies and tips that he has put together to aid students in making sense of design and architecture as a whole.

The author’s note begins as follows..


"The architecture curriculum is a perplexing and unruly best, involving long hours, dense texts, and frequently obtuse instruction. If the lessons of architecture are fascinating (and the are), they are also fraught with so many exceptions and caveats the students can easily wonder if there is anything concrete (pun intended?) to lean about architecture at all.”

Frederick concludes, “This book aims to firm up the foundation of the architecture studio by providing rallying points upon which the design process may thrive.”

Not only does the book provide great tips and primer to studio, it also serves as a technical and intellectual guide that can be visited again and again during the design process. Every page in this little gem provides a little bit of knowledge certainly worth retaining.

I’d would also think that the 101 things is not to be limited to just architects, but would be of use to anyone design oriented.

Here’s a sample..

1. ‘How to draw a line’
8. ‘Architecture is the thoughtful making of space.’ (Louis Kahn)
17. The more specific a design idea is,the greater is likely to be.
18. Any design decision should be justified in at least two ways.’
22. ‘How to make architectural hand-lettering.
34. ‘Frame a view, don’t merely exhibit it.’
50. ‘Windows look dark in the daytime.’
59. ‘Traditional buildings have thick exterior walls.Modern have thin walls.’
72. ‘Design with models!’
96. ‘Summer people are 22 inches wide. Winter people are 24 inches wide.’
100. ‘Give it a name’
101. Architects are late bloomers.’
101 Things de-mythologizes the jargon that obscures the real meanings of what is taught in design schools. Anyone interested in design will learn much for this terrific book.’

Even the size, the chip board cover and price (less than 10 US on amazon from memory!) are appealing, and leaves you no excuse!


http://www.amazon.com/101-Things-Learned-Architecture-School/dp/0262062666#_

sábado, 2 de abril de 2011

Werther

Siempre que voy al Teatro Real  pienso lo afortunada que soy de poder estar alli... si encima se trata de una ópera tan bonita como esta, con mas razón.

Werther. Una maravilla de obra de Massenet estrenada en 1842 como honor al joven héroe de la novela de Goethe. Pero donde la histaria de amor entre el protagonista y Charlotte es triste  y tragica a la vez. Werther es, sin duda, junto con la luna llena, uno de los símbolos del romanticismo.

Como se dice en una conocida pelicula. "Cuando vas a la opera por primera vez, si te gusta desde el principio siempre te gustará, sino, puede llegar a gustarte, pero nunca será parte de tu alma".


http://www.teatro-real.com/es/eventos/werther